3/10/09
En azul la narración de Kasey
En turquesa la narración de Aselai
________________________________________________________________________________
Ahora nada
Hubo un tiempo en que llorabas cuando hacíamos el amor, como hubo uno en que reías, ahora ni lo uno ni lo otro, ahora nada. No puedo verte Kasey, necesito que hagas algo más que estar aquí conmigo, porque aún así es como si no estuvieras, sé que hay cosas con las que tienes que lidiar sin que yo pueda ayudarte, pero me importas, quiero que me cuentes, quiero escucharte reír otra vez, quiero que seas mis ojos incluso ante los problemas, deja de cuidarme de esa manera, nos alejas del resto, tú me alejas de ti. Eres tú la que se va, eres tú la que cree que no necesitamos hablarnos.
Hubo un tiempo en que reías…
28/9/09
En azul la narración de Kasey
En turquesa la narración de Aselai
________________________________________________________________________________
Dime en sueños que me amas
Ojos de cielo, hoy te siento ausente a pesar de tener tu cabeza apoyada sobre mis piernas dormitando, te extraño más cuando aspiras que cuando exhalas, siento el viento en mi cara y tu aroma no me llega, estás intranquila cabellos de fuego, se te mueven los ojos bajo los párpados ¿Estás soñando mis miedos? Quisiera arrancarme los ojos, quizás sea más como tú y pueda entenderte, no hacerte sufrir y verte como tú me ves. Quisiera que pudieras ver cómo nos ve la gente y que puedas comprender como he estado sufriendo por las dos. Tus labios ya no son tan rojos, se me llenan los ojos de lágrimas, te mojo la cara con ellas y hablas en sueños cosas que no entiendo ¿Esa es tu respuesta a mi dolor? Quiero que me beses, quiero besarte y a fuerza de ello te devolveré el color ¿Alguna vez verás que los míos están negros? Quiero abrazarte y sólo te miro, dime en sueños que me amas y olvidaré quien soy y me harás de nuevo, tú que me conoces más que yo, seré más real si tú me creas como me ves sin verme ¿Cómo puedo sentirte lejos si te tengo tan cerca? Hoy te siento ausente, pero te amo ¿Me amas tú?
27/9/09
En azul la narración de Kasey
En turquesa la narración de Aselai
________________________________________________________________________________
Cuando su piel roza la mía
No fuimos a clases, nos quedamos en mi habitación todo el día… nos besamos por horas, dos razones me impulsaban a hacerlo. No quería parar, si lo hacía tendría que dar explicaciones que no tenía, tampoco podía parar, sentía morir un poco cada vez que me separaba de ella.
No sé por qué me acerqué de esa manera, no sé por qué necesité tocar sus labios… curiosidad. No es lo que pienso realmente. No quiero que me deje, nunca, podría estar así para siempre sin saber las razones, o la única razón que ronda en mi cabeza, completamente irracional.
Cuando me separé de ella la miré intensamente, creo haberlo hecho cada vez que abría los ojos para verla, pero ella nunca lo supo, le acaricié el rostro y me sonrió, igual que todos los días, pero mi reacción fue diferente. Ahora yo la besaba sin importar nada, le acaricié la espalda, los brazos, enlacé mis manos con las suyas y la recosté sobre sus sábanas blancas, le besé el vientre y me acomodé en su pecho sonriendo, mientras sentía sus manos buscando mi sonrisa, la oí bostezar y reír despacio antes de quedarnos dormidas.
Al despertar sentí su peso sobre mi cuerpo, sentí a la que hasta ahora sólo era mi amiga, a Kas aferrada como una niña indefensa, aún cuando era yo la que siempre parecía serlo, a Kas como nunca antes, era ella la que me cobijaba en sus brazos y me defendía del resto, pero ahora la tenía así, siendo ella quien necesita de mi.
Aunque sea mayor que yo, aunque sea seria, callada, centrada, aunque parezca racional y madura, pasando siempre de todos y de todo, conmigo es quien es, es más humana, es alegre, se ríe, es sencillamente más hermosa, le acaricio el cabello, puedo oír su respiración calmada, y podría jurar que sonríe en sueños.
No podría despertar en mejor lugar, levanté la vista y vi sus ojos azules clavarse en los míos, busqué su mano sin desviar la vista, por muy sin sentido que pudiese resultar y entrelacé nuestros dedos casi con violencia, la besé otra vez, jamás podré dejar de hacerlo. Todos los días, desde ese día ella me ve, cuando su piel roza la mía.
21/9/09
En azul la narración de Kasey
En turquesa la narración de Aselai
________________________________________________________________________________
Hasta lo más profundo
Hundí mis dedos en su pelo rojo para peinarlo con ellos, era tan sedoso, y aún así real, le acaricié el cuello, Aselai rió, le daba cosquillas el roce de mis dedos en su piel, pero no dijo nada, se le colorearon las mejillas cuando acerqué mi rostro a su cabeza y aspiré con tal fuerza que pudo notarlo, olía a rosas. Me temblaron las manos, me alejé de ella, agitada. Le dije que estaba perfecta, desde el borde de su cama en donde me había sentado, con los dedos crispados sobre la falda escolar.
Me levanté de la silla, le susurré un gracias como cada mañana, caminé sin titubear, siguiendo su aroma y me senté a su lado, aunque el corazón me golpeaba tan fuerte el pecho que dolía, quise verla, más que siempre, pero acepté una vez más la verdad con cierta tristeza, más que nunca.
Deseaba tanto abrazarla que quería irme de ahí cuanto antes, me recosté cayendo despacio hacia atrás y solté un suspiro frustrado cerrando los ojos. Su olor me mareaba, los abrí y le miré la espalda, todavía no se colocaba el bendito uniforme, cerré los ojos con fuerza y solté otro suspiro, esta vez algo nervioso. Pasaron varios minutos tratando de poner la mente en blanco, no funcionaba, veía unos azules intensos y rojo, rojo envolvente, tan concentrada estaba que no percibí el movimiento de la cama cuando As se movió en ella, hacia mí.
Acerqué mi mano a donde debía estar su rostro, tantee el aire hasta que rocé mis dedos con su piel, sentí como temblaba cuando me detuve en sus labios, se los acaricié apenas, tímida como no era, pero esta vez sabría la verdad, y tenía miedo.
No abrí los ojos mientras disfrutaba de su inspección, estábamos en iguales condiciones, ninguna podía ver a la otra, pero la sentía hasta lo más profundo. El olor se intensificó, lo sentí tan cerca que hasta podría ser mío, sentí su respiración cálida en la cara. Me besó, lento en un principio, luego desesperadamente, volví a hundir mis dedos en su pelo, esta vez para pegarme más a ella, si es que era posible, y no dejarla ir, nunca.
A partir de aquí las entradas son todas partes de una misma historia, contada en fragmentos, algunos continuos, otros inconexos, en primera persona o en tercera, relato, diálogo o poema. Son lo que escribo últimamente, después de mucho tiempo de no hacerlo y es un trabajo que trata de ser diferente a lo que acostumbro a escribir, aunque también puede ser lo mismo de siempre, al menos si no hay cambio en la 'forma', lo habrá en el 'fondo'. Enjoy!
01. Hasta lo más profundo
02. Cuando su piel roza la mía
03. Dime en sueños que me amas
04. Ahora nada
05. Hubo un tiempo en que reías
06. De buena gana
07. Alternancias
08. Si no es aquí y sólo aquí
09. Lento desenfreno
10. Oscuro cálido invierno
11. Carmesí
12. Cisma y desaciertos
13. Epílogo
30/6/08
Cuando camino por una calle solitaria, a altas horas de la noche, siento la nada, tiemblo de miedo y lloro por mi estupidez.
Ocupar un tiempo que desde hace tanto no me pertenece.
Ver en blanco y negro. Sacar malas fotografías.
No acertarle al papelero. Agitar corazones con un palpitar que debería ser sólo mío.
Lamentar tener acciones que me supongan alegría es en verdad lo que merezco.
Dejar de lado lo que no quiero es alejarme de mi misma.
Una necesidad innegable para un pensamiento que tampoco debería existir.
Y seguir siendo cobarde sin voluntad para cambiar las formas que hoy me agobian, es lo que me agobia en realidad.
Cortar las flores del jardín y que en mi mano se marchiten.
Me tengo una propuesta de acción nueva y la deshecho.
Necesito dormir.
18/12/07
Amelia dibujaba corazones en los márgenes de su cuaderno de matemática cuando no prestaba atención al mundo y pensaba en él. Amelia los descubría cuando volvía en si, se sonrojaba y arrancaba la hoja, la arrugaba con cariño en su mano. Al toque de campana lanzaba el papel al basurero. Ledamis lo recogía tras ella y lo guardaba en su bolsillo, se asomaba al pasillo y la veía caminar con sus amigas, la perdía de vista en la escalera.
Amelia tiene 16 pecas en su rostro, la gran mayoría se concentran en su respingada nariz, son pequeñitas, otras muy diminutas, casi ni se ven. Ledamis no tiene. Amelia piensa que le sentarían bien algunas. Ledamis cree que si toca la nariz de Amelia con la suya, se le pegarán pecas de ella, como si fueran contagiosas. Ledamis se mira la nariz de forma graciosa para ver si pasó algo. Amelia sonríe.
19/9/07
6/9/07
Era cerca del medio día y hace sólo unos minutos había dejado el aula de clases, la escuela, todo ese mundo ajeno y hostil detrás, las paredes frías, las miradas indiferentes, el rumor de la gente, todo atrás, tan rápido como le permitían sus piernas, se dejó llevar por el deseo de estar pronto en casa, donde la esperaban miradas cálidas y amplias sonrisas.
Al salir de aquel lugar miró al cielo y vio con júbilo la venida de unas cuantas nubes negras, algo extraño en esa época del año, algo excitante para una amante de la lluvia de verano, se decidió a caminar lento, tal vez tendría la suerte de que las gotas la encontraran en el camino. Las nubes cubrieron el sol en poco tiempo y para sorpresa suya, en el suelo, se formaron manchas de luz, por los rayos que quedaban en libertad de tocar tierra, y se largó a llover, y siguió caminando, amplió su sonrisa cuando descubrió que no llovía en todo el lugar, sólo en los sectores donde el suelo se cubría de sombras, se detuvo, estiró un brazo desde la luz hacia la oscuridad y pequeños ríos de agua tibia recorrieron la palma de su mano, y comenzó a girar, no podía dejar de girar, a pesar de sentir las miradas de la gente que pasaba por ahí, indiferentes a tanta maravilla, al grandioso espectáculo regalo del cielo, y se cubrían las cabezas con cuadernos y periódicos, y no comprendían. Y sin poder dejar de girar, recordó cuando respiró negro y exhaló lila, cuando abrió los ojos y se encontró en casa, con ropa seca en las manos de su mamá y una sonrisa perfecta de bienvenida al hogar.
28/8/07
Se sentaron espalda con espalda, ella no quería mirarle (cobarde), porque se conocían hace tan poco tiempo y ya le confesaba algo que a nadie más, jamás, nunca más.
Te amo te amo.
Te amo te amo te amo.
Te amo te amo te amo te amo.
Te amo te amo te amo te amo te amo.
Te amo te amo te amo te amo te amo te amo.
Te amo te amo te amo te amo te amo.
Te amo te amo te amo te amo.
Te amo te amo te amo.
Te amo te amo.
Te amo.
21/8/07
Ángel de mi guarda, dulce compañía, no me desampares de noche ni de día, ni en la hora de mi muerte, sobretodo en la hora de mi muerte. Amén.
Apagó la vela con los dedos, se deslizó suave por el colchón, se tapó con la cobija hasta las orejas, cerró sus ojos y soñó, con el buzón rojo de los Vedier.
El Callejón de Eva era sin duda su atajo favorito, lo cruzaba en veinticuatro pasos, veinticuatro pasos contados como segundos antes de morir al otro lado, salir a la luz de la Av. La Vigía, sosteniendo el aliento antes de mirar al frente, para luego dar un sonoro suspiro y ver su lata roja sangre oxidada por 18 años a la intemperie y olvidado, como su corazón anhelante de que alguien le escriba. Los dos eran iguales, siempre a la espera de una encomienda, una postal, una tarjeta, un saludo en un pequeño papel, hasta un mensaje en un boleto de tren, una carta que llenara el hueco húmedo y oscuro de su alma, objeto inanimado ahí plantado en la tierra, sin nada más que hacer que esperar la vida sin ojos por los cuales llorar, sin boca por la cual gritar, sin nariz para respirar agitadamente ante la desesperación, sin rostro.
Cruzaba la calle al salir del callejón dando otro suspiro, llenando sus pulmones con aire hasta el tope, y exhalando por la boca pausadamente para tranquilizar su corazón, ahí, en la casa abandonada de los Vedier, se hallaba su amigo, el buzón con su banderín agachado, como un cachorro pidiendo disculpas a su amo, era como mirarse a un espejo, aunque ella pidiese perdón al mundo. Le observaba durante horas, todos los días, sin excepción, esperaba siempre con ansias el amanecer para correr al callejón y contar los últimos pasos antes de…
Día miércoles primero de Noviembre, día de todos los Santos, veinticuatro pasos por el Callejón de Eva, sostuvo el aliento por última vez, el suspiro nunca llegó, cuando miró al frente, hacia el buzón rojo del banderín alzado, sonrió y murió.
15/8/07
17/7/07
3/7/07
Rabia. El frenesí inevitable lo hizo ver rojo al mundo, el hombre a su lado, lleno de triste calma, lo vio igual.
Sus armas; sus manos. Su fuerza; su voluntad. Su muerte; la de los demás. Destrucción.
Desagradable olor a guerra. Amargo sabor a sangre enemiga. Produce nauseas.
La tierra un vómito de cuerpos sin vida.
Batalla ganada, en el fondo se sabe pérdida.
Sea por Gaia.